EL COMEDOR ESCOLAR ¿Un problema o una ayuda?

 

  Por motivos diversos, son cada vez  más las familias  que toman la decisión de que sus hijos coman a diario en el colegio. Este servicio no solo compagina su vida laboral y personal sino que, además, garantiza a los padres que sus hijos van a recibir una alimentación de calidad y valores sobre nutrición y salud en un ambiente lúdico, alrededor de sus amigos. Educación y alimentación son inseparables en el comedor del colegio. Y el objetivo de hoy sería reflexionar un poco sobre este espacio-tiempo, sobre cómo interactúan monitores y alumnos, y cómo se desenvuelven las relaciones de los alumnos entre sí. Teniendo en cuenta además que según datos y cifras del curso 2016/2017 ,del Ministerio de Educación cerca de 1,7 millones de niños toma su comida principal en el centro escolar, lo cual equivale a que un 72,9% de los alumnos de Educación Primaria pública tiene que comer en su colegio , estaríamos  hablando de un gran número de escolares.

   El punto de partida sería considerar que estos profesionales realizan una función EDUCATIVA y que forman parte del proyecto educativo que presenta el Colegio. Este aspecto es fundamental pues el tiempo en que atienden a estos alumnos, ya sea en el comedor y en el patio es bastante largo, y por lo tanto susceptible de actitudes diversas. Si esta función educativa no es bien valorada por el resto de agentes educativos (los profesores y la familia) se crearán conflictos y situaciones nada agradables.  Insisto en este aspecto porqué cada vez son más frecuentes los problemas de actitud que algunos alumnos presentan en este espacio-tiempo. En ocasiones son problemas que se inician en el contexto del aula, con su grupo-clase, y que pueden ser de diferente índole. Pero no debemos olvidar que ese alumno es el mismo que en unas horas irá al comedor/patio donde a él le parecerá que sale del “control” de su tutor/a. Es en ese momento cuando se atreverá a cuestionar las instrucciones y consignas que se le dan en ese entorno. La percepción de que su monitor no es quien “para mandarle” se ha de considerar tan grave como si la afrenta estuviera dirigida a su profesor/a.

   La formación educativa impartida desde el comedor-patio viene tan abalada que incluso se manifiesta  en una valoración totalmente CUALITATIVA que acompaña al informe curricular que los padres recibimos cada trimestre. Sería muy positivo que cuando nos sentamos con nuestro hijo para leer y valorar su informe de las diferentes áreas lo hiciéramos también de ese aspecto del comedor-patio.

   Es necesario tener en cuenta que igual que hay un PROYECTO EDUCATIVO que concreta los objetivos académicos más allá de las áreas curriculares , éste incluye también unos OBJETIVOS y HÁBITOS referentes a la comida, uso de utensilios, aceptación de nuevos alimentos, conducta en la mesa etc. etc. Por ello , des de casa, des de la familia, esos hábitos deben ser compartidos como una continuidad del trabajo realizado o del objetivo a perseguir.  En esta misma línea sería erróneo pensar que aquel problema que no logramos resolver en casa ya sea de tipo alimentario , de actitud en la mesa, de comer variado, usar los utensilios ….lo puede resolver la escuela.

Desde estas líneas siempre hemos defendido la gran importancia que supone la coordinación entre colegio y familia, y por supuesto esto incluye el ámbito del comedor.

 

Complementar en casa el trabajo del comedor

El comedor debe “proporcionar a los niños una comida de calidad, tanto desde el punto de vista nutricional como desarrollar la adquisición de hábitos alimentarios y sociales adecuados”, según el documento Acompañar las comidas de los niños, de la Agencia de Salud Pública de Cataluña, en el que encontramos algunos consejos para las familias.

  1. Escuchar al niño sobre la cantidad de comida que pide que le sirvan.
  2. Es preferible servir poca cantidad de comida y dar la opción de repetir. Esta también es una buena estrategia para reducir el despilfarro de los alimentos.
  3. Permitir que los niños repitan del primer plato y de las frutas frescas, y limitar a una determinada cantidad el segundo plato (especialmente en el caso de las carnes).
  4. Asegurar que el agua sea de fácil acceso y que no se limite el consumo. Es conveniente que el pan acompañe sistemáticamente las comidas y se evite utilizarlo como elemento de recompensa o imposición.
  5. Es habitual que la oferta alimentaria variada suponga el rechazo hacia determinados alimentos. Si bien hay que evitar coaccionar o forzar al niño para que tenga que comer, es conveniente que lo pruebe.
  6. Coordinarse con el comedor escolar cuando un niño no desea comer de forma habitual.
  7. Facilitar un tiempo adecuado para comer con tranquilidad, que no sea inferior a 30 minutos ni supere el tiempo razonable para disfrutar de la comida.
  8. Prever un intervalo de tiempo lo bastante amplio entre la comida de media mañana y la comida (como mínimo un par de horas).
  9. El momento de la comida es una buena oportunidad para la transmisión de valores y hábitos. También es un espacio idóneo para, valorando la edad y capacidad de los niños, darles pequeñas responsabilidades en la medida de sus posibilidades.
  10. Fomentar la colaboración en cuanto a poner y recoger la mesa, de forma que se convierta en un hábito.
  11. Establecer normas de conducta de forma que la comida sea tranquila y se pueda convertir en un espacio de conversación y escucha (no levantarse entre plato y plato, no tener el móvil...).
  12. En este sentido, los adultos debemos predicar con el ejemplo pues nuestros niños lo que mayormente hacen es imitar. Sería más que recomendable que en el momento de sentarse a la mesa la TV estuviera apagada y los móviles fuera del alcance.
  13. Ayudar a interiorizar normas de educación básicas como no hacer ruido al tomar sopa, hablar con la boca cerrada, comer y masticar despacio, usar el tenedor... Pueden parecer aspectos “que ya se hacen” pero es frecuente ver, cuando uno va a comer fuera, que esas normas dejan mucho que desear. E insisto, no podemos delegar toda esa función en el comedor. 

 

     Educar no es una tarea fácil pero si todos los agentes educativos, absolutamente todos, nos apoyarnos, reforzamos, y no nos desautorizamos nuestra tarea será más llevadera, más gratificante y sin duda con mejores resultados.